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Viajar en tren

“Pero cómo es posible que me haya dejado el libro. ¿Ahora qué hago yo tan aburrida? Si al menos tuviera el mp3 para ir escuchando música hasta la Universidad…”. Estos eran mis pensamientos mientras iba en el metro. De pie porque ya no había asientos, no me quedaba más opción que mirar indiferente las paradas. Una, otra… el camino era largo desde mi casa hasta clase. Se me iba a pasar eterno. “Si al menos hubiera cogido el libro…” En fin, dejé caer mis ojos al vacío resignada. Las zapatillas horteras de uno, los tacones embutidos de otra a esas horas tan tempranas, las caras de sueño de todos.

De pronto algo me llamó la atención. Una mirada a lo lejos se cruzó con la mía. Avergonzada, retiré instintivamente la vista. Seguí mirando al vacío, aunque se fue haciendo más pequeño porque tan sólo un instante después esos ojos me reclamaban otra vez.

El sonido de una nueva parada me hizo desviar la mirada. Se abrieron las puertas, un tropel de gente entró al vagón. Con tanto ajetreo mi posición cambió, y me encontraba más cerca de él. Estaba a tan sólo unos metros. Los ojos seguían persiguiéndome, mirándome ansiosamente. Yo no podía hacer nada para retirar los míos, y en un momento sonreí azorada.

Más gente entró de nuevo, así que mi posición volvió a cambiar: tan sólo una persona nos separaba. Logré pasar y colocarme justo delante de él, pero mirando hacia el frente. No podía darme la vuelta porque le rozaría, tan sólo de pensarlo me moría. El reflejo del cristal me servía de espejo: ya no era él el que buscaba mis ojos, sino yo. Desde el cristalino le miraba intensamente, y era correspondida con avidez.

En un frenazo del metro, nos movimos bruscamente. Se agarró un leve instante a mis hombros y acercó su cara a mi cuello. No me rozó, tan sólo me olió, pero la piel se me puso de gallina al instante. Mientras, nos mirábamos en el reflejo… La gente no se percataba de aquel juego, ni siquiera nos veían. Las miradas perdidas en los periódicos, sonreí.

Más y más paradas pasaron. Nosotros seguíamos nuestro juego, mirándonos en el reflejo y cada vez más apretados, más cerca, más fuerte. Recuerdo que mi cuerpo me dominaba más allá de la cordura. Dejé caer la mochila entre mis piernas, agachándome. Aproveché para acercarme más, mis piernas ahora entreabiertas pegadas a las suyas, mi cintura a su ombligo. Sentí el calor de todo su cuerpo, que empezaba a despertar.

Sé que a cada frenazo de otra nueva parada nos acercábamos más, o nos tocábamos levemente. Le notaba  cada vez más impaciente y nuestros ojos fijos en el cristal.

En un momento se acercó a mí y me susurró al oído: “Ésta es mi parada…”. Me dejó atontada, impávida. Se paró el tren y la gente salía y entraba, mientras él me miraba impaciente. Temblorosamente le cogí de la mano. Sonrío, mientras no parábamos de mirarnos… Tiró de mí y salimos del metro.

No solté esa mano hasta horas después.

tren

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13 comentarios el “Viajar en tren

  1. ¡Que historia!
    Una suerte que
    fuese solo;)
    Si James Blunt hubiese
    hecho lo mismo en
    el “subway”
    probablemente
    no existiría
    You’re Beautiful.

  2. Qué putada entonces. Sería un alivio para muchos el que James Blunt se hubiera pegado una buena ración de sexo como para olvidar componer esa puta canción.

    Lo siento, sé que te gusta mucho, pero yo la odio, jaja.

    Besos,

  3. No importa que
    la odies… no me
    deja de gustar 😉
    De verdad, tu historia
    es “perfecta”, por
    lo menos lo que
    has escrito…
    Después
    no sé.

  4. Bonita historia… y bonito juego.
    La cantidad de veces que me he olvidado el libro. Pero no por eso me aburria, la verdad. Como dices, yo también buscaba esas caras, esos cuerpos, esas legañas… supongo que a esas horas de la mañana no sabes bien en qué pensar, solamente miras a sus caras y te preguntas: “¿se bajará en Guzmán el Bueno? No, tiene cara de Cuatro Caminos”, “joder, la cantidad de gente que baja en Ciudad Universitaria. ¿Irán todos a la universidad? Ese tiene pinta de ser profesor” y cosas por el estilo.
    Sin embargo, a veces tienes suerte, a veces, mientras miras, no te encuentras con esas preguntas, te encuentras con una historia. O mejor dicho, con unos ojos, unos ojos que te cuentan esa historia. Siempre es una historia que te quedarías escuchando una y mil veces, sin cansarte. Da igual el tipo de historia: sexo, drogas, Rock and Roll… da lo mismo.

    Quizá mañana, cuando vaya en el metro, me encuentre con los ojos que tú te encontraste, y quien sabe, a lo mejor no reaccionamos de la misma manera que tú lo hiciste, pero con suerte me contarán tu historia. Bonita historia.

    Lo siento por el rollo shen, pero llevo tiempo que me apetece escribir un poco y a lo mejor tengo que desahogarme en comentarios por aquí. Te importa? 😉

    Besos!

  5. * Esquizo, el después prefiero dejarlo a la imaginación de cada uno. Jeje.
    * Grot nuestras casas siempre estarán compartidas. Y me encanta leer escritos, sobre todo si son de gente conocida. De hecho veo que ya tienes blog, ¡bienvenido! ¡¡Un besazo guapetón!! :):)

  6. Este blog está bastante bien. Y la historia me ha gustado.

    La verdad es que hay días que me propongo dar un paseo amplio y diseminar algún que otro comentario, pero me cuesta trabajo encontrar algo decente que comentar dejando al lado al cinéfilo friki, al apasionado de las cucarachas, al obseso sexual, y al poetastro de las narices, que nunca falta.

    Sencillos y amables saludos desde la Maquinaria. No pierdas el tono de este blog, please.

  7. Gracias Rrose. Me alegra que pienses así sobre este blog. 🙂 Pues te tenía perdida, no apunté tu dirección la última vez que viniste. Y acabo de ver un par de post dadaístas muy chulos… luego me los zampo entre nubes. 😉

  8. Oh, me has hecho recordar una historia que tuve la suerte de vivir… me paso lo mismo durante 3 meses en un camión que tomaba todos los días al trabajo hace casí 10 años. Jamás llegue al grado de tu historia de bajarme con ella… el juego simplemente consistia en miradas y acercamientos… así todos los días y a la misma hora en el mismo camión. El 4252 que pasaba a las 11 de la mañana, así durante 3 meses. El día que decidi escribir algo de esa experiencia y en la que describia que era solo un sueño o un producto de mi imaginación, fue el último día que la volví a ver. Curioso, nunca supe su nombre, pero aún recuerdo su cara, su piel y el olor de su cabello. Fue solo mi imaginación? No lo se. Disculpa que me exitenda. Me hiciste recordar muy gratos momentos. 😀

  9. Jajaja, Ma3x qué experiencia tan buena. Me alegra ver que estas cosas pasan no sólo en la imaginación de las personas. 🙂

  10. Hola Shenka, no he olvidado tu post-historia- artículo- del tren y el viajero misterioso.
    ¿Más novedades en el tren? Buenas noches.

  11. Hola Ov. Mi tren está bastante tranquilito… cada día más, pasa por estaciones bonitas que me dan una felicidad increíble. Una, que está romántica hoy. Jeje. Bienvenida, que creo que es la primera vez que posteas. Un beso 🙂

  12. Esperemos que la pausa termine rápido y sigas escribiendo cosillas tan buenas como ésta.
    Saludos!!

  13. ¡Hola Taburete! Joer, gracias por seguirme… 🙂 Te vigilaré yo también :p

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