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Experiencias

Estaba en Chueca, en una discoteca de ambiente. Mi amigo gay se quejaba de que nunca salíamos de marcha por su zona, así que fuimos. Entramos en una discoteca de dos plantas. Yo no sé si es que me sentía feliz de ver a todos juntos de nuevo, pero me llovían los cubatas. Bailé como nunca, me divertí mucho. Me sentía libre, no conocía a nadie excepto a mi grupo, así que poco me importaba el jaleo que hiciésemos bailando. Bueno, como buena mujer, hay que ir al baño. Se me olvidó completamente decir que me iba a alguna de mis amigas, bah, si no se iban a mover de ahí…

Buff, estaba tan lleno de gente, que decidí irme al de la planta de abajo. Qué mareo de escaleras, nunca había pensado lo peligrosas que parecen las condenadas.
Llegué por fin al baño, y estaba vacío por suerte. Sólo una persona delante mía y podría pasar. Pasa mi compañera de espera. La otra puerta contigua se entreabrió un poco.

Curiosa. Mira que soy curiosa. ¿Qué me hizo mirar? No lo sé, pero mis ojos se perdieron por el interior de aquel baño.

Unas manos subían y bajaban por un cuerpo lleno de curvas. Escuché un gemido, lo que me hizo acercarme instintivamente. La puerta se entreabrió más, y puede ver a una chica que me miraba mientras era tocada por otra. El corte fue tal que retiré la mirada.
Quería entrar al baño y largarme, estaba incómoda.
Otro gemido me hizo volver a mirar. Esa chica me clavaba los ojos mientras la otra le acariciaba. Mi cuerpo estaba totalmente encendido, roja de vergüenza. Y ella sonreía. Parecía estar contenta de tener una sorprendida voyeur enfrente. Me miraba cada vez más fijamente, sonriendo perversa, mientras su compinche de juegos conseguía acelerar sus gemidos a base de caricias.

Por fin salió la pesada del otro baño, y me metí corriendo, con el corazón acelerado. No podía dejar de pensar en lo que estaba ocurriendo al lado… no sé si fue por culpa del alcohol, pero empecé a excitarme. Las oía gimiendo de vez en cuando, escuchando sus respiraciones, sus movimientos… ¿Qué me estaba pasando?

Respiré hondo. Me sentía nerviosa. Decidí salir rápidamente y alejarme de ahí. Me coloqué la ropa lo mejor que pude y abrí la puerta decidida a salir. Pero al abrir, unas manos se colaron en la puerta, impidiéndome pasar. Por el contrario, pasaron ellas y otras dos más. Vaya, tenía a la morbosa de mirada perversa y a su compañera dentro del baño. No sabía qué hacer, entre el mareo que tenía, y lo nerviosa que estaba…

Cerraron el pestillo. Empezaron a tocarse delante de mí. La morbosa, con una sonrisa de triunfo, me espetó: “¿qué pasa, que te gusta mirarnos? Pues mira si quieres” y le dio un beso a su compañera.
Atónita, intenté abrir el cerrojo, pero la otra chica me lo impidió, me agarró firmemente la mano, para luego acariciarla. Era una morena de ojos marrones y sonrisa dulce, callada.
Entre tanto, la morbosa se puso detrás mía. Comenzó a acariciarme despacio, mi cintura, mi culo, mis muslos, mi entrepierna, para luego subir rápidamente a mis pechos.

Yo estaba alucinando. En un estado de atontamiento múltiple, no sabía qué hacer. Poco a poco fui cayendo en las redes de aquellas dos asalta heteros. Me dejé llevar, mientras una me acariciaba de espaldas, la otra lo hacía de frente. Todo era una imagen de cuerpos y manos hambrientas. Dejaba que me besaran, que se besaran, que me miraran. Dejaba que me tocaran allá donde quisieran, que me desnudaran…

¡Todo fue tan extraño! Tan delicioso y extraño… Sus besos eran suaves, jugosos, húmedos; nuestras lenguas se cruzaban en cualquier parte de nuestros cuerpos, haciéndonos partícipes de un juego único. Besaba sus pechos sin pudor. Ellas mismas y el alcohol me lo habían quitado. Besaba todo cuanto era besable, tocaba todo lo que conocía y sabía que era digno de estímulo… Jugábamos, nos mirábamos, nos tocábamos como expertas, haciéndonos llegar al clímax mutuamente. Gemidos por triplicado resonaban en mis oídos, seis manos ávidas de placer jugaban. Mi cuerpo entero estaba húmedo, vibraba con cada nueva caricia, con cada nuevo gesto.

No sé cuánto tiempo pasé en ese baño. No me lo puedo imaginar. Para mí fue una eternidad… magnífica. Cuando se cansaron de jugar conmigo, simplemente se vistieron, abrieron el pestillo y se fueron riendo.

Yo… tuve que quedarme un rato más sentada. Aturdida todavía, caí en que mis amigos deberían estar preocupados buscándome… así que salí mareadilla de vuelta a la planta de arriba.
Creo que mis amigos iban peor que yo, porque me uní a ellos y no comentaron nada, bastante ocupados estaban con sus cubatas y sus bailoteos de reina de la noche por un día.

En fin. Nunca renunciaré a una experiencia nueva, es lo que te aporta la vida. Pero eso sí, trataré que la próxima vez sea de una forma más consciente y premeditada. Aunque fue una buena locura y una grata manera de descubrir mundos nuevos.
Ánimo… tal vez la próxima víctima de estas dos violadoras asalta heteros seas tú.

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6 comentarios el “Experiencias

  1. Un momento, voy a por el termómetro.
    Me parece que tengo fiebre.

  2. Pa que luego os preguntéis por qué tardamos tanto en el baño. Si es que… XD

  3. será por eso que siempre van de a dos al baño?
    besos y polvo de hadas

  4. Es como la moviola .. en el segundo visionado pierde todo el encanto.

  5. Jajaja. Ya lo sé, ya lo sé… pero voy a cerrar los otros blogs, así que me toca repetir algunos post para ponerlos aquí.
    Por cierto, que tú también tienes repes… :p

    Besos, bicho.

  6. Mira que eres cotilla… luego que la líbido se te pone supina en la puntita de los cabellos cuando los meces con la sillita esa de ver la luna sobre la que balanceas tus suspiros…..

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